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entrega 7

entrega 7 El aburrimiento y la rutina habían llevado a la señora Evans a un estado de abandono que ni Eduard pudo soportar. Aceptó un trabajo durante dos meses en una ciudad de la costa oeste. De nuevo el señor Boblosky estaba en acción. Cada fin de semana volaba hasta su casa y compartía las barbacoas y los paseos nocturnos con su mujer. Le hablaba de su trabajo y del buen montón de dólares que iban a reunir en 60 días. Merecía la pena estar separados un tiempo.

La señora Evans había decidido matricularse en un taller de pintura, pasaba las tardes junto a la ventana de su casa buscando el momento de luz oportuno para sacar el lienzo y la paleta de colores. Para Eduard las noches en aquella ciudad eran fabulosas. Al segundo día de llegar compartió unas botellas de ron con los amigos de su nuevo trabajo. Los bares, las mujeres, el color que desprendían aquellos inmensos carteles de neón empezó a fascinarle. Tras una noche llegó otra y otra, en ocasiones aprovechaba para salir sólo a beber y disfrutar de todo lo que veía. El cuarto viernes de su primer mes en un bar de jugadores de golf conoció a Lucilla.
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