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NatNa

entrega 10

entrega 10

Un fuerte dolor de cabeza desperto a Eduard. No habia oido el teléfono a las cinco porque el sol ya se dejaba sentir a través de las cortinas y en la temperatura del lugar. El avion partiria en poco tiempo mas.
Prendio la television. Videos musicales. Encedio un cigarrillo, cerro los ojos y la imagen de Evans en la cocina, bebiendo un café, los dedos entre los cabellos y la mirada fija en la mesa, lo golpeo por un instante.
Sintio una ereccion.
Se levanto, tomo una ducha. Dejo caer el agua tibia por toda su espalda.
De repente volver le parecio peligroso. Nada mas extraño que eso. Una sensacion inexplicable. Sin embargo los minutos iban pasando, los pocos que quedaban. Y segundo a segundo se iba alejando de la vida ideal con el niño, con la mujer, el perro y la casa bonita, con el automovil, los trajes italianos, los bares con amigos, su coleccion de grabados.
Se vistio rapidamente y condujo a través de una polvorienta carretera. Se detuvo en una estacion, hizo una llamada a Evans. Esta comprendio de inmediato.
Se detuvo en la puerta del bar. Se sento en la misma mesita. Pidio una copa de chardonnay. Cruzo las piernas y balanceo suavemente una de ellas.

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entrega 9

entrega 9

Evelin Evans, terminó de estirar la colcha de la cama. Vistió al pequeño, fueron a comprar el periódico y unas flores, cogieron el coche y se dirigieron a la terminal nacional del aeropuerto. Mientras esperaba la llegada del avión donde venia su marido, hojeaba distraidamente la prensa, una noticia le llamó la atención: "Mañana se presenta el libro de Alt Cossigo, el escritor de Florida vuelve a las estanterias de todo el país con un titulo sugerente donde sus pasiones literarias vuelven a llenar las paginas de esta voluminosa novela de casi 600 paginas, inspirada en un hecho real, el secuestro de dos niños en un pueblo del medio oeste", decia la informacion. Alt Cossigo? se preguntó, Altman Cossigo había sido compañero de Eduard y de ella en la universidad, ahora era escritor de exito, que sorpresa se llevaría su marido cuando se lo dijera. Echó un vistazo a toda la información y pensó que podría estar bien ver a Alt despues de tanto tiempo, seguro estaba en el Reynoso, el hotel más caro de la ciudad, cogió el movil y preguntó a una centralita de numeros. Cuando sonó por cuarta vez el teléfono de la habitación Alt apartó suavemente a la chica que estaba con él en la cama y contestó.

entrega 8

entrega 8

Lucilla tenía los dientes más perfectos que él hubiera visto. Desde un rincón del bar, no pudo dejar de observarla mientras reía. Tenía una copa de vino entre las manos y había puesto su teléfono móvil encima de la mesita. Su pierna derecha, por encima de la izquierda se balanceaba suavemente. Alguien la acompañaba pero luego se quedó sola. Dio una mirada al lugar hasta que coincidieran.

El se levantó de la silla y cruzó el salón. Empezó a llover y un fuerte ruido se dejó oír. Lucilla echó atrás la cabeza y las puntas de sus cabellos rozaron el abrigo de Eduard mientras pasaba.
Una vez afuera, terminó su cigarrillo. Las gotas iban a arruinar sus zapatos nuevos. Subió a su automóvil y encendió la radio. Avanzó por la carretera, las luces iban desapareciendo, era viernes y había que preparar la maleta, mañana tal vez buscar un pequeño regalo para ella en el aeropuerto.

entrega 7

entrega 7

El aburrimiento y la rutina habían llevado a la señora Evans a un estado de abandono que ni Eduard pudo soportar. Aceptó un trabajo durante dos meses en una ciudad de la costa oeste. De nuevo el señor Boblosky estaba en acción. Cada fin de semana volaba hasta su casa y compartía las barbacoas y los paseos nocturnos con su mujer. Le hablaba de su trabajo y del buen montón de dólares que iban a reunir en 60 días. Merecía la pena estar separados un tiempo.

La señora Evans había decidido matricularse en un taller de pintura, pasaba las tardes junto a la ventana de su casa buscando el momento de luz oportuno para sacar el lienzo y la paleta de colores. Para Eduard las noches en aquella ciudad eran fabulosas. Al segundo día de llegar compartió unas botellas de ron con los amigos de su nuevo trabajo. Los bares, las mujeres, el color que desprendían aquellos inmensos carteles de neón empezó a fascinarle. Tras una noche llegó otra y otra, en ocasiones aprovechaba para salir sólo a beber y disfrutar de todo lo que veía. El cuarto viernes de su primer mes en un bar de jugadores de golf conoció a Lucilla.

entrega 6

entrega 6

Solía mirar a Evans con cierta indulgencia. Tenía la actitud de aquellos que le han ganado a muchos y una particular aversión a estar en boca de todos. En suma, ser admirado pero que su pequeño universo permaneciera inalcanzable a ésos a quienes despreciaba. Todos.
Evans y el niño tenían un rol decorativo en este asunto, en esta construcción del ciudadano ejemplar y cultivado y el amor que Eduard sentía por ellos era puramente estético.
Evans lo había entendido perfectamente hasta entonces. Había sido cuidadosa en los furtivos encuentros con algunos tipos: siempre lejos del condado, siempre utilizando nombres falsos. No estaba dispuesta a correr el menor riesgo.
En alguna ocasión sintió el roce mágico del momento perfecto, mirando correr a su hijo, viendo a Eduard leyendo en el jardín en un día soleado, haciendo el amor en medio de un campo de trigo. Después se extendió el invasor y persistente aburrimiento.

entrega 5

entrega 5

... a la especulación del accidente. Había rumores sobre un posible asesinato. Eduard conocía muchas cosas del senador, tapó muchos agujeros con sus declaraciones y estuvo al tanto en todo momento de lo que ocurría por parte del candidato. “Soy la garganta profunda de este caso” solía bromear con Evans H Moore su mujer, amiga y confidente.
Lo que no esta taba tan claro es qué podía opinar Lucilla su amante, fea, de provincias, totalmente ajena al mundo de la política. Ella conocía muchas cosas que Eduard le había ido contando antes de que estallara el escándalo. Evans tenía algunas sospechas sobre la posible infidelidad de su marido, pero descartaba estas cosas cuando veía cómo se volcaba con su hijo y su esfuerzo por pasar la mayor parte de su tiempo con él. Tenían horarios cambiados para turnarse con el pequeño, sólo coincidieron en un par de actos, siempre que podían volvían desde donde estuvieran a pasar la noche juntos.
El joven y prometedor Eduard Boblosky, excelente estudiante, elegante y muy atractivo aspiraba a un puesto en lo más alto, pero algo o alguien se cruzó en su vida y truncó las ilusiones del ascendente polaco de segunda generación. Rico por su abuelo, periodista por la sangre de su padre.

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entrega 4

entrega 4

Evans había tenido en definitiva un problema con los números. Por alguna razón, nunca había conseguido percibirse como un ser independiente. El "uno" parecía estarle prohibido. Desde su infancia en Orem, rodeada de siete hermanos y de sus prolíficos padres, hasta sus castos días universitarios en enormes dormitorios comunes, su vida fue un masivo e interminable desfile de gente. Al decidirse a ser madre, se impuso la unicidad.

Eduard no tuvo nada que objetar. Andaba muy ocupado en fortalecer su impresión de superioridad moral. Su noción de arrepentimiento se había traducido en ese periplo odioso que los llevó de la tierra de Joseph Smith hasta el lugar donde las cosas parecían haberse detenido.

Para la señora Evans, sin embargo, la distancia no había alejado el peso de lo política y moralmente correcto. Veintiocho años de su vida bajo los ojos de todos había sido suficiente. Llegar a este lugar, a este "ninguna parte" había aparecido como una tabla salvadora.
A pesar de aquello, un par de años de impecable performance se impusieron. Más tarde, el accidente de Eduard dejó el terreno abierto.

...- Entrega 3

...- Entrega 3

Le asustaban terriblemente esas cosas pero por otra parte su vida necesitaba de alguna emoción. Quedarse viuda con 28 años y un hijo, fuera de la ciudad donde nació y sin familia cerca, era un reto para sobrevivir.

Estaba en aquel pueblo por que el destino le había llevado allí. Conoció a Eduard al final de la universidad y se pusieron a trabajar en la campaña del candidato demócrata de aquel distrito. Ella en lo que había estudiado, estrategias electorales en la facultad de Ciencias Políticas y él como asesor de comunicación recién salido de Periodismo. Se casaron. El futuro presidente era un globo pinchado en la jaula de un canario. Un par de noticias sobre inversiones inmobiliarias no muy claras había acabado con sus proyectos de regeneración en las filas del partido. Evans y Eduard la Doble E -como les llamaban en la sede- se hartaron y se fueron a trabajar a un estado del medio oeste, pobre, pero lo suficientemente limpio -al menos así era el aire- como para no volver a mezclarse con gente que apestaba a los quince minutos de haber estrechado su mano.

Doble E funcionaban como freelance en temas de comunicación para políticos y empresarios del condado. Llevaban una vida tranquila. Tuvieron a Ernest y la compañía pasó a llamarse Triple E.

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...- Entrega 2

...- Entrega 2

... apagó su cigarrillo, abrió la cartera, se pintó los labios y echó una mirada nerviosa a los lados antes de entrar en el local. Un tipo vagamente conocido la saludó con un gesto. Era la hora y el lugar pero nada le indicaba qué podría ser eso tan importante. La noche anterior había recibido una llamada ya muy tarde. Sólo dos timbrazos...

por NAT

"Messenger para dos"

"Messenger para dos"

- Entrega 1

Aquel día la señora Evans había dejado como cada mañana a su hijo en las puertas del colegio. Tomó el coche rumbo a la 42 y pasados treinta minutos llegó a Milagros, su pueblo. Esperó en la contrabarrera a que pasara el tren, minutos interminables que sólo aliviaba la radio local. La gasolinera de Mick, la serrería de York...todo andaba como esa misma mañana treinta minutos antes. Se paró a tomar un café en los "Desayunos Gigantes" un snack de carretera...

por NA

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